Conoce los síntomas de rotura fibrilar

Algunos síntomas de rotura fibrilar leve se pueden confundir con una contractura o una distensión muscular


Una de las lesiones más frecuentes en el running y el trailrunning es la rotura fibrilar. Un esfuerzo intenso o muy brusco, como un cambio de ritmo, una arrancada, un frenazo o un salto, puede romper las fibras de los músculos. Conocer los síntomas de rotura fibrilar puede ayudarte a que esa lesión sea menos grave y así tardar menos tiempo en recuperarte.


Los síntomas de rotura fibrilar son fácilmente reconocibles. Uno de los primeros síntomas de rotura fibrilar es que sentimos que como si nos hubieran golpeado con una piedra. De hecho esta lesión, sobre todo cuando se produce en el gemelo, también se conoce como “síndrome de la pedrada”. Ese dolor y el chasquido que escuchamos, sin que no haya ningún elemento que haya impactado contra nosotros, es una de las primeras señales de que algo anda mal.


Y sabremos que estamos ante una lesión cuando aparecen los siguientes síntomas de rotura fibrilar:


-         Dolor repentino e intenso. A veces ese dolor puede producir mareos y sudor frío.


-         Aparece una inflamación en la zona.


-         Se produce una contractura.


-         Aparece un hematoma debido a la rotura de los vasos sanguíneos adyacentes.


-         En casos graves se puede producir un bloqueo del movimiento debido a la contracción de los músculos cercanos.


Ante estos síntomas de rotura fibrilar lo más seguro es parar cualquier actividad física y acudir al médico. El diagnóstico diferencial es fundamental para determinar si se está ante una rotura de fibras o si es solo una contractura o una distensión muscular. Y es que, en casos leves se pueden confundir los síntomas de rotura fibrilar con contracturas o distensiones. Si eso ocurre y no se realiza el reposo y tratamiento adecuado puede agravarse la lesión y generar un desgarro fibrilar mayor.


SENSIBELTPor eso es importante que el especialista valore la lesión y su grado (leve, moderada o grave, dependiendo del número de fibras que se desgarren) para aplicar el tratamiento correcto. Este consistirá en la aplicación de frío, masajes, vendajes neuromusculares y reposo en una primera fase para ayudar a su recuperación. Y en una segunda fase hay que empezar a activar la zona con ejercicios de rehabilitación y estiramientos. ¿Cuánto puede durar esa recuperación? Depende del grado. En los casos leves, entre ocho y diez días. En los moderados se tarda entre tres o cuatro semanas y en los graves pueden necesitar entre uno y tres meses.


Aunque es una lesión habitual en el running y en el trailrunning eso no significa que no pueda evitarse. Por ejemplo realizando correctamente el debido calentamiento antes de empezar a practicar tanto el running como el trailrunning. Y cuando finalices el ejercicio es fundamental realizar los correspondientes estiramientos.


Además hay que descansar suficientemente, llevar una dieta equilibrada y mantener una buena hidratación. Así los músculos estarán sanos, hidratados y elásticos y serán menos propensos a romperse. Y también es importante tener claro qué podemos hacer y hasta donde podemos llegar. No forzar nuestros músculos es la mejor manera de evitar que sufran una lesión.